Cristian Laime en tres escenas
2/18/2026


La prolífica obra de Crisitian Laime se exhibió en Zona Maco de la Ciudad de México en el marco de la exposición organizada por la Fundación Simón I. Patiño de Bolivia. Actualmente pueden verse sus obras en la exposición “Orígenes” en la galería Claroscuro de Ciudad de México. Laime es un destacado artista de Bolivia cuya obra llama la atención por su técnica, acabado, temas y personajes.
Este texto fue parte de la presentación del conversatorio “Una joya en el sombrero. Arte, mestizaje y futuro en el arte boliviano contemporáneo” organizado por la Fundación Simón I. Patio de Bolivia. El mismo se divide en tres momentos, los cuales ocurren como escenas a partir de algunas piezas de Cristian Laime.


Primera escena: el poder
En una exposición reciente, en la ciudad de La Paz, llamada 500 años encontramos una serie de retratos de medallón donde vemos perfiles de hombres y mujeres, en la pieza Barroco mestizo un hombre adulto con bigotes porta un sombrero bombín enjoyado además de poseer dos trenzas, tanto el sombrero como las trenzas son rasgos característicos de las cholas paceñas.
También vemos en dicha exposición una pieza de un hombre adulto, aymara, vestido con una armadura plateada, brillante y un casco dorado, pero debajo del casco, vemos emerger las orejeras del lluchu que cubre el casco. Estas orejeras imprimen color al retrato.
Similar construcción iconográfica se encuentra en la pieza Colonizador donde también vemos emerger del casco de armadura las orejeras con vibrantes colores rojo, amarillo, verde, los mismos se repiten en la las tullmas o muñequeras en los brazos y su faja o chumpi donde se repite los patrones de color.
Ambas piezas Barroco mestizo y Colonizador con fondos indefinidos, extemporáneos cohabitando y operando como síntoma de la condición colonial de Bolivia, condición que se torna ineludible en las conversaciones este primer cuarto de nuestro siglo donde Cristian se posiciona e interroga al colonizador y al colonizado. En un posteo de su cuenta de Instagram Cristian cita a Eduardo Galeano sobre la condición del colonizado en tanto “el colonizado es un sub-hombre, capaz de superstición pero incapaz de religión, capaz de folclore pero incapaz de cultura: el sub-hombre merece trato subhumano, y su escaso valor corresponde al bajo precio de los frutos de su trabajo. El racismo legitima la rapiña colonial y neocolonial, todo a lo largo de los siglos y de los diversos niveles de sus humillaciones sucesivas”.
Este texto acompaña la obra El conquistador, donde tenemos al hombre blanco, adulto, con bigote y de ojos verdes viéndonos. Lleva un sombrero bombín con tupu o prendedor de oro, idéntico al de las cholas paceñas y aretes de oro. El resto de su indumentaria es una armadura de plata. Además, este conquistador porta una mascara de la danza de la morenada, la danza folclórica con mas adeptos en la ciudad de La Paz.
Esta actualización política de las formas del poder colonial y la colonialdiad del poder optan por la apropiación de los regímenes de representación del mismo. Entre la armadura como evocación de la conquista siendo empleada por el sujeto colonizado permiten interrogar sobre la actualidad de la conquista y exhibir el lugar del cuerpo colonizado como portador de la indumentaria del colonizador.
A su vez, apelando a la ironía Cristian toma el retrato de Luis XIV en la pieza El imperialista añadiéndole el sombrero bombín y lo envuelve con enormes telas dejando entrever en su pecho la banda presidencial de Bolivia.
La critica al poder, aguda y actual, también la vemos en las obras Democracia y Scrutinium donde encontramos ratas peleando sobre la silla presidencial por hacerse de la medalla de Bolivar, pieza de uso exclusivo del presidente de Bolivia.






Segunda escena: Plástico
Cuando el visitante camina por los mercados callejeros de La Paz o El Alto en Bolivia, los puestos de venta de frutas, verduras, ropa o comida se resguardan de los inclemente rayos solares del altiplano ya no con chiwiñas de tele, sombrilla grande con armazón de madera o hierro, sino por chiwiñas de plástico, privilegiando el color azul, como ocurre en algunos tianguis en la ciudad de México, donde abunda el plástico de color rojo. La presencia, uso y consumo de plástico es masivo y se emplea en varios rubros. Cristian identifico la penetración de este material inorgánico en la vida y en el paisaje afectando el ecosistema andino.
La reflexión respecto a la economía informal y la relación de ésta con el plástico puede verse en las obras de la exposición Nudo, donde todas las pinturas se construyeron en torno a este material interactuando con sogas, ladrillos e incluso la bandera de Bolivia. Laime exploró las capacidades del plástico en cada doblez y en su tesitura. Cristian nos permite ver las posibilidades circulares, las torsiones, contorsiones, nudos y pliegues que el material ofrece tornándose en protagonista en muchas de sus piezas.
Sin embargo esta exploración amplió su mirada tanto creativa como critica con la incorporación de mujeres. En Willapachamama, una mujer cuya manta es de un plástico rojo sangre se despliega por todo el marco, esta Pachamama de sangre sacude la mirada pues habita un mundo cubierto de plástico.
Es acaso el plástico la nueva forma del despojo y de extracción?
Fue con el exposición Mama plastic-pachamama, Repensar y entender nuestro tiempo, del respeto y el valor de la madre tierra... donde me encontré con Cielo dorado, cerro de plata una obra alusiva al famoso cuadro la Virgen Cerro, donde la virgen y el Cerro Rico de Potosí se unen en una forma triangular que representa, al mismo tiempo a la virgen y a la montaña. La montaña concebida como sagrada con la idea de madre tierra, vientre y fertilidad. La montaña y la virgen fruto del sincretismo resignificadas como la Pachamama. En esta ocasión, para Cristian la tierra y los dones del Cerro Rico que fueron la plata dio espacio al plástico plateado y brillante.
El plástico colonizando la vida de forma gozosa en la misma exposición nos ofreció a su modelo Amalia, la madre del artista, vestida con plásticos rojos, en otras piezas verdes, o azul, en azul andino como menciona Cristian. La mamá de Cristian personifica a la Pachamama o Madre Tierra envuelta en plástico en escenas que no implican sujeción sino un estadio de próximo a la tranquilidad e incluso el goce.
En in-tensión que se exhibió en Zona Maco y actualmente en Claroscuro la critica es mordaz respecto a la colonización de este material sintético en nuestras vidas, tanto es así que nos vemos atrapados y colgados entre capas y capas de material nailon, sin embargo esta situación no parece ser tensa sino gozosa y hasta divertida.




Tercera escena: mito
Cristian en la obra “Míticas sirenas Quesuintuu Yumantuu” acude al mito de las sirenas del lago Titicaca, hermanas-peces relacionadas al culto de Kopakawana y Tunupa, kopakawana con la evangelización adquirió el nombre y figura de la virgen de Copacabana. Encarnan la mezcla de la cosmovisión indígena con la religiosidad europea. A menudo las sirenas fueron representadas con charango, alas o uvas permitiendo celebrar la idea del mestizaje. En la pintura de Cristian estas dos hermanas están unidas por sus trenzas y la silueta pisciforme se delinea por el plástico, una de ellas azul y la otra naranja. El plástico como parte de la actualización de uno de los mitos del mestizaje o añadiendo una capa sintética a la discusión sobre el mestizaje.
El encuentro de dos mundos también podemos verlo en otras obras de la seria Sagrada Venus donde nuevamente Amalia, la madre del artista encarna a Venus envuelta por un nailon rojo, la misma es custodiada por “las horas”, quienes visten a la diosa. Ellas portan una manta roja, y Venus aimarizada, con sombrero bombín, sobre su piel de nailon rojo le brotan rosas rojas.
En este dialogo con mitos de occidente la exposición Sin tiempo albergo la obra “Sagrada venus”, que fue parte de la exposición en Zona Maco. En la misma vemos el nacimiento de la diosa en una gigantesca concha marina, donde la señora Amalia yace durmiendo. Acaso a orillas del lago Titicaca. El nacimiento de un icono de occidente generalmente mirando al espectador dio paso al cuerpo de la chola paceña contemporánea durmiendo en los Andes.
Estas tres escenas, entre el poder, el plástico y el mito interpelan al observador, como en mi caso, me invitaron a pensar sobre los mecanismos de la colonialidad del poder en Bolivia y las formas de resistencia grafica. Como también en las transformaciones no solo medioambientales sino culturales a partir de la incorporación en nuestra cotidianidad del nailon como materialidad y como alegoría de los elementos inorgánicos y uniformes que colonizan la vida, además de pensar en los procesos de globalización y trasnacionalización de los consumos culturales a partir de mitos y relatos occidentales.
L. Sergio Zapata P




